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Tocar los aviones con las manos en Saint Maarten

por Maru Mutti
Publicado: Última actualización en:

Últimamente estoy medio vaga para escribir. Aunque no sé si vaga es la palabra. Como les conté hace unos posts (porque ya no puedo decir hace unos días :p) estoy desconectada. No estoy acá ni en ningún lado. Mi mente vuela y vuela a todas partes. No sé si llega a algún lugar o se queda por ahí, vagando en las ganas de estar dando vueltas por el mundo, pero sé que está volando.

Tengo unos cuántos posts colgados y muchos proyectos en la cabeza. No sé bien por dónde arrancar y cómo contar cosas que ya quedaron atrás (otra vez con eso de ser “viaje-escritora dependiente”) y tampoco sé cómo organizarme con todo lo que quiero hacer con el poco tiempo libre que tengo. Pero acá estamos y, como lo habré dicho alguna vez, escribir es mi terapia y aunque cueste, tengo que dejar que las palabras fluyan.

Por eso, voy a volver a conectarme por un rato e intentar que el ambiente de oficina que tengo alrededor no me desconcentre. Hoy quiero empezar a borrar los pendientes del tintero y viajar por un rato a uno de esos lugares que me llenaron de emoción antes, durante y después de haberlo conocido. Uno de esos lugares que todavía hoy me hace poner la piel de gallina. Hoy es el turno de hablar de la isla de Saint Maarten.

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O Sint Maarten. Todo depende de qué lado de la isla te encuentres. Es que este territorio es una excepción en medio del Caribe. No pertenece a un país, sino a dos: Francia y Holanda. Así, si visitás la parte gala vas a estar en “Saint” y si vas a la parte holandesa, como nosotros, estarás en “Sint”.

Por diferentes razones, la parada en Saint Maarten (si me permiten, lo voy a escribir sólo de esta manera para evitar tantas confusiones y además, porque me gusta más como suena) era la más esperada por prácticamente todas las personas que estábamos a bordo del crucero. Algunos estaban desesperados por hacer shopping debido a que la isla es Puerto Libre y los precios son muchísimo más bajos que en los otros lugares que visitamos, especialmente en tecnología. Otros, como Nico y yo, estábamos enloquecidos por ir a ver el espectáculo más famoso del lugar: el aterrizaje de aviones al lado de la playa.

Párrafo aparte, tengo que contarles algo que, por lo menos a mí, me pareció súper curioso. En el barco conocimos una pareja de cordobeses que estaban súper ansiosos por conocer esta isla, aunque lo único que sabían de ella era el tema de las súper ofertas en los centros comerciales. Los chicos habían viajado bastante, y siempre nos hablaban maravillas de “la fabulosa Cuba”, como solían llamar a este otro territorio caribeño con tanta historia interesante dando vueltas. Creo que llegaron a convencerme de ir a visitarla, aunque hoy por hoy no está dentro de mis prioridades viajeras.  Pero, lo que me sorprendió es que cuando les hablamos de la playa Maho de la isla que estábamos a punto de conocer, no tenían absolutamente idea de lo que pasaba allí. En realidad, ahora que lo escribo y se los cuento, no sé si me parece demasiado curioso, pero en ese momento para mí lo fue. ¿¡Cómo no vas a saber qué podes ver aviones casi rozando tu cabeza!? Lo bueno, es que fuimos nosotros quienes los convencimos a ellos de ir a ver de qué se trataba todo eso.

Bajamos del crucero alrededor de las 9 de la mañana. Mi indignación era enorme porque teníamos pocas horas ahí comparadas con la cantidad de tiempo que habíamos estado en Guadalupe el día que fui víctima del erizo. Pero así era, el lugar más esperado por todos es el que menos tiempo teníamos para disfrutarlo. No estoy segura de las razones, creo que nunca las dirán pero nuestra teoría se basa en que el valor que cobra el puerto por atracar ahí es demasiado alto como para dedicarle más horas.

La ansiedad, como siempre, me altera y más sabiendo las condiciones que teníamos en Saint Maarten. Eso, sumado a que era el día de mi cumpleaños y quería aprovechar cada segundo con el regalo que me había hecho a mí misma, hicieron que no perdiera demasiado tiempo en conseguir un taxi para ir hasta “Maho Beach”, el escenario principal donde transcurre este espectáculo.

El trayecto no fue duró más de 15 o 20 minutos y costó 8 dólares por persona (el precio era estándar pero, a la vuelta conseguimos algo un poco más barato). Mientras avanzábamos por la isla nos íbamos deleitando con los paisajes, con el color azul del mar y, sobre todo, nos empezamos a anticipar a lo que estábamos por vivir. “Ahí está aterrizando uno”, de repente grité para que todos pudieran ver uno de los aviones llegando al aeropuerto.

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Antes de viajar, Nico y yo habíamos averiguado dónde informarnos sobre los horarios de aterrizaje pero estábamos un poco preocupados porque los aviones importantes, los grandes, parecían llegar una vez cada tanto. No sé si la información que habíamos conseguido mostraba sólo una parte o qué pasó, pero la realidad es que tuvimos bastante más suerte de la que creíamos.

Estábamos llegando a destino cuando vimos que un avión estaba por despegar. Uno grande. Parecía que la suerte estaba de nuestro lado. Pagamos rápido y nos apuramos para poder ver el despegue lo más cerca posible. Y ahí estaba, el primer Boeing saliendo hacia su destino. La gente pegada a las rejas volaba suavemente a medida que el avión comenzaba a avanzar. La arena volaba pero no demasiado. O eso creíamos. Y la gente en la playa corría hacia el agua, aunque no entendíamos muy bien porqué.

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Claro que recién lo comprendimos después de haberlo experimentado de esa forma. El viento que crea ese monstruo tiene una fuerza increíble que hace que la arena se levante y te pegue como si te estuvieran tatuando todo el cuerpo al mismo tiempo. Se siente como miles de agujas que te clavan rápidamente el cuerpo una y otra vez. Por eso la gente corre, porque si te quedas ahí atrás duele. Mucho. Pero es increíble. Es una experiencia maravillosa, que sólo Saint Maarten te permite vivir. Eso sí, la próxima vez lo miro desde lejos porque mi espalda quedó destruida.

Nos acomodamos y empezó lo mejor. Uno tras otros, los aviones iban llegando. Muchos de ellos eran taxis que conectaban a Saint Maarten con otras tantas islas del Caribe. Otras eran avionetas privadas y los menos frecuentes, los “gigantes” que estábamos esperando.

Tengo que decir que aunque estaba emocionada por ver cómo los aviones parecían tocarte la cabeza al llegar, no me imaginaba que de verdad podía ser algo tan espectacular. Había visto cientos de fotos y videos, había hablado con gente que ya había estado ahí y me decían que era increíble, pero como pasa generalmente, nada es cómo vivirlo. Si cierro los ojos y me concentro, todavía puedo verlos pasar sobre mí, sentir el ruido de las turbinas como si fueran la melodía más suave que jamás escuché.

Es verdad que a diferencia de lo que me gusta hacer cuando viajo no tuve la posibilidad de interactuar con locales, ni tampoco de adentrarme demasiado en la cultura de la isla o ver las diferencias entre la parte holandesa y francesa, pero también es cierto que pude disfrutar de un cumpleaños diferente y con la posibilidad de presenciar en vivo y en directo uno de los espectáculos  exclusivos de esta isla.

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Algunas cosas a tener en cuenta:

–          Si bien la presencia europea es notoria, la moneda corriente es el dólar americano, lo que hace más fácil el regateo y no es tan fácil que quieran estafarte con el cambio dólar – euro como nos pasó en Guadalupe, por ejemplo.

–          Muchos cruceros tienen parada en Saint Maarten los días domingo, por lo que si quieren aprovechar los precios de Puerto Libre consideren hacerlo a la mañana. Por la tarde, todos los negocios están cerrados.

–          Si quieren ir a Maho Beach, aprovechen el bar que está en esa misma playa para informarse de los horarios de los despegues y aterrizajes del día. Si quieren consumir algo, los precios no son demasiado caros y lo mejor es que el lugar está ambientado como si fuera la sala de embarque de un aeropuerto.

–          El inglés les va a servir para comunicarse fácilmente con todos, pero si tienen suerte también pueden encontrar alguien que hable español como nos pasó a nosotros.

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6 Comentarios

Ruben M junio 16, 2014 - 11:33 am

Excelente Post y lugar, que ganas de estar ahí!!!!!!!

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claudia junio 16, 2014 - 11:45 am

Me encanto, el post, y másel regalo que te pudiste hacer. Gennnialll.

Responder
Fatima Henriquez junio 16, 2014 - 1:52 pm

Hola Mariana! no tengo palabras para decir lo feliz que me hace leerte, por haberte conocido aunque sea solo por medio de este blog, gracias por escribir y hacerlo de esta manera tan perfecta , gracias por permitirme viajar y conocer nuevos lugares, ya que cada vez que leo sus pots me transporto y empiezo a buscar en google imagenes, información etc,y lo disfruto aunque sea desde mi escritorio.

Saludos desde Honduras y Viva Argentina !

Responder
Mariana Mutti junio 16, 2014 - 2:41 pm

Como siempre, Fatima, un placer saber que estás ahí incondicionalmente :)

Me alegra poder llevarte de viaje a través de mis relatos!

Gracias y más gracias :)

Beso grande!!

Responder
Massiel enero 3, 2017 - 6:00 pm

Mil gracias por tus recomendaciones , mi esposo y yo estamos haciendi el Cosa Favolosa, lo tomare encuenta…..abrazos, Massiel ([email protected])

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Alvaro Millán febrero 19, 2017 - 8:44 am

Muy buen relato. Me sirvio mucho ya que en abril estare con mi familia haciendo un crucero. Mi pregunta les fue dificil conseguir un taxi.

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